Autocrítica
April 20th, 2009No paran ni la mente ni el cuerpo, aunque a veces vayan en direcciones totalmente opuestas.
Y la energía lleva siglos concentrándose en tu estómago poco a poco, haciéndose una bola que no eres capaz de digerir ni controlar, que no sabes qué significado tiene, ni te interesa saberlo. Como llevar una bomba sin temporizador en las entrañas. Nunca sabes en que momento puede estallar, ni hacia qué dirección.
Normalmente son las pequeñas cosas las que siempre me han afectado más. Para bien y para mal. Un leve gesto, un comentario susurrado, una mirada que pensó no ser observada… y oleadas de viento se levantan desde mis pies hacia mi rostro.
Es agradable cuando se trata de algo positivo, nadie me ganó nunca en entusiasmo. Pero también resulta catastrófico cuando se trata de lo contrario. ¿Estoy desnivelada? Sin rozar siquiera la bipolaridad, a veces me cuesta canalizar tantas sensaciones, intentar mantenerme en un centro que me doy cuenta casi todo el mundo comparte, y que yo no llego a alcanzar. Y no hablo de equilibrio, quien es desequilibrado lo suele ser siempre y ahí tiene su centro a mi entender. El que es impulsivo lo suele ser también habitualmente y se mueve dentro de unos parámetros conocidos (y aprendidos por todos los que le rodean).
A mi eso me cuesta. Después de años de ver cómo consumía a la gente que más llegaba a conocerme, en aquellos tiempos en los que todo era nuevo y todo estaba permitido, tomé la determinación de, cómo se diría vulgarmente, comérmelo con patatas yo solita.
Y ahora siento que me estoy atragantando.
Sé que hay gente que aún se acuerda de cómo fui. Y creo que eso aún me entristece más…
